lunes 7 de noviembre de 2011

Pour toujours Concienciaenoffside

Las despedidas resultan tristes y conmovedoras. En ocasiones una despedida es solo una mano levantada, un grito de adiós y en la mente un buena suerte. Otras veces una despedida es dejar atrás momentos sublimes que no deseamos volver a repetir para que no empiecen a sonar tontos. Quizás despedirse, algunas veces, resulta ser el mejor remedio para empezar a respirar.


Cocienciaenoffside no solo es uno de mis blogs favoritos y el que leo con más atención, también su autor es mi gran amigo, mi hermano, mi incondicional primo. Un condenado más a seguir disparando intentos que dictan su imaginación, un poeta a plena luz del día en busca de reposo y serenidad, casi siempre en off side.


Durante años nos ha llenado de hermosas frases, ha entregado alas a los que encuentran difícil empezar a volar, a soñar y soltar un par de palabras juntas que se conviertan en inolvidables. Ha cacheteado a la adversidad y has continuado con cada dedo demostrando que el cielo está más cerca de lo que creemos y que aún somos o pretendemos ser lo que nunca fuimos, eso le da esperanza y ganas de seguir amalgamando frases para hacernos conmover.


Se despide como lo hace en los bares, sin avisar y sin hacer una salida elegante. Se va con el silencio que lo caracteriza, con la frase tímida, con el corazón de oro tentando al destino, mirando a la metáfora siempre desafiante, enredado entre letras y pensamientos, apostando siempre por el amor eterno y en los ojos el reflejo de su más bella creación, Inés.


Por aquellas largas conversaciones te dedico el adiós sin pretender que estamos asistiendo a un funeral. Te recuerdo las mesas mojadas de alcohol, las teorías que ven la luz mientras las horas van pasando y el humo se escapa. Llevamos un mapa que nos indica el naufragio y una luna que nunca se llena como lo hacen nuestros vasos.


Te debo casi cien disculpas por no haberte comentado los Post, pero que hago si ya todo lo habías escrito. Imagino seguirás escribiendo, ese tic es difícil de curar. Pensarás en alguna aventura de esas que se guardan bajo la alfombra de casa y la contaráS con las ganas extremas de seguir pintando sobre el lienzo inmenso de la vida las más bellas de las realidades, la verdad cual bala perdida, la ilusión en encuentros de cantina y las despedidas para aquellos que no supieron decir adiós a tiempo.


Te doy cariño eterno, letras que a veces solo los dos entendemos, fracasos de los cuales nos burlarnos, cine peruano y un pase de balón que esta vez te agarre mejor ubicado.


Hasta pronto.



lunes 5 de septiembre de 2011

¿Qué carajos es MaloReputación?

Sobreviví los horrores del divorcio de mis padres, a sus peleas y a sus pocas ganas de estar juntos. Había comprendido a temprana edad, sumergido entre dibujos animados de los 80s, que el matrimonio era una guerra interminable, una lucha por la supremacía del otro sobre el otro, la demostración absoluta e insana del poder, el peor de los errores, el trabajo que nunca se debe llevar a casa.

Podría decirse que tengo una visión pesimista del asunto y a los seis años es complicado ver el vaso medio lleno en situaciones que albergan mucho rencor, frustración y un ánimo por fracasar inimaginable.
Los sentimientos encontrados olvidan donde “encontrarse”, aprendes a la fuerza a vivir una separación amorosa. Te conviertes en espectador de un inminente holocausto en el cual lo único que te debe preocupar es separar de manera objetiva tus sentimientos para no ser infiel a ninguna de las partes. Llevas de la mejor manera posible la repartición de bienes, la repartición de tu persona, los fines de semana divididos y la cantidad de paseos a los que te acostumbras.

Crecí y comprendí que las relaciones humanas son más complejas de lo que parecen, más enredadas de lo que imaginaba y menos sofisticadas de lo que la televisión me hacía creer. Dejé de pensar que mis padres habían fracasado y entendí que su decisión fue la más acertada, la más valiente, la necesaria para seguir siendo una familia. Sin embargo, en mi cabeza quedó grabada, como cuando se te queda grabado ese tonito adictivo de Air on the G string, que el matrimonio era el final del amor, que todo lo anterior antes de dar el sí era mejor, más entretenido, sin tanto compromiso y, por ende, más feliz.

Analicé y escribí sobre servilletas de papel, (la mejor distracción en aburridas charlas y cenas suicidas), distintas hipótesis que avalaran mi teoría sobre las relaciones que se construye sobre las bases poco fiables del “y vivieron felices para siempre”, tenía que demostrar que Disney estaba equivocado.


No había perdido las esperanzas, ni mi actitud tenía el afán de ser derrotista.

Creo y quizás sigo creyendo que el amor, y no solo me refiero al de pareja, tiene más ramas de lo que creemos y existen mil formas de vivirlo. Algunas de estas formas son complicadas y otras muy relajadas. Son éstas últimas las que permiten probar diferentes aventuras, distintas recetas del amor perfecto, el continuo aprendizaje que solo los años y las experiencias te dan. Todo esto podría estar en lo correcto o no. Sé según algunos libros y uno que otro filósofo moderno, que el amor es algo que no se puede entender, no tiene una fórmula establecida y no se encuentra a la vuelta de la esquina, ni tampoco tiene que ser objeto de estudio o exagerase hasta hacerlo ridículo como lo hacen las películas del azucarado director Richard Curtis.

Puede ser que esté cayendo en el peor de los errores tratando de entender las emociones humanas, sus imperfecciones y sus aciertos. Estoy casi seguro de que las primeras líneas de este Post podrían poner sobre la mesa un par de teorías que dieran respuesta a la eterna pregunta que ha atormentado gran parte de mi vida: ¿La separación de mis padres me afectó tanto que ahora no creo que exista la pareja perfecta, ni el amor eterno o algo muy parecido?


Espero haber logrado con la poca experiencia que tengo crear un concepto diferente del amor, la amistad y las relaciones entre el hombre y la mujer, entre la mujer y la mujer, entre el hombre y el hombre. Por esa razón mis textos intentan demostrar que el ser humano no es tan complicado como parece o como quisiera parecer. Quiero decirles que ser un Homo Sapiens Sapiens no es un castigo, ni es nada sofisticado, porque, queridos lectores, la vida es simple, las cosas suceden, nada es para siempre y es importante aprender a vivir el presente.

Ideas como estás y otras locuras más fueron dando forma a lo que bauticé como MaloReputación y es que cuando no apuestas por la monogamia o por la búsqueda de EL DORADO lo único que te queda es una mala reputación, algo muy comparado al café de la mañana, un dulce amargo.

Quiero que se entienda que no estoy hablando de amor a lo Coehlo, ni que soy el último romántico, ruego mil veces no confundir. Estoy narrando la historia de cómo nace este blog. No me quiero perder entre letras, ni que se malentiendan algunas de mis frases, tampoco hacerles creer que soy un erudito, ni mucho menos un eximio sobre temas de los cuales solo puede hablar Jossie y su torpe línea esotérica. Mucho menos quiero endulzarlos con frases positivas a lo Chopra, ni cantarles al odio algún estribillo cliché de Silvio Rodríguez. Continuemos…

Terminé el colegio hace 11 años. Fue, sin lugar a dudas una época genial y divertida, pero algunas veces se hizo aterradora y desesperante como una melosa canción de Gianmarco puesta en una combi repleta de gente y viajando a 100 por hora en la avenida Benavides a las 7 de la noche. No quiero ahondar en el tema, pero bastará con que les diga que era un pequeñín muy gordo, tímido, cabezón y muy torpe.
Empecé la secundaria creyendo que todo cambiaría, estaba muy equivocado, las cosas empeoraron. La naturaleza se la había agarrado conmigo y me regaló la maldición del acné y el pelo trinchado.

¿Creen ustedes que alguna chica se me acercaba?

Estudiaba en un colegio miraflorino cuyos alumnos, compañeros míos, les encantaba formar pequeños grupos con gustos en común, dividiendo la promoción en populares y los denominados “Nerds”.
Basándose en los pocos inteligentes modelos gringos, estos chicos ponían nombres a sus grupos y se identificaban como una élite sobre una gran masa de adolescentes inseguros, pajeros y poco atractivos. Esta actitud los hacía ver ridículos, pero también divertidos. Esos primeros años, difíciles años, fueron pocas las mujeres que me dirigieron la palabra. Aunque los dos últimos años de la secundaria la naturaleza corrigió en algo su mala pluma y tuve una hermosa novia, la primera mujer que me dejó.


Durante la época escolar descubrí lo fascinante que son los libros. Me quedé durante mucho tiempo encantado con el Boom Latinoamericano el cual me llevó muchas veces a confundir mi futuro con alguna historia de García Márquez o de Carlos Fuentes. Leía durante horas, no era un erudito ni tampoco el primer puesto de mi promoción, todo lo contrario, era una especie de subversivo tonto y adolescente con problemas de atención.



Ya en la universidad descubrí que la mejor forma de comunicarme, siendo estudiante de comunicación, era escribiendo, no lo hacía mal, ni me proyectaba a ser Faulkner, pero al profesor le gustaba alguna que otra crónica escrita con premura y basada en alguna canción. Aproveche esos 15 minutos de fama para escribir sobre todo tema posible. Di rienda suelta a mi creatividad y hasta escribí porno para uno de mis amigos. Escribía todo lo que podía e inventaba historias realmente interesantes, algunas otras cómicas y absurdas basadas en experiencias propias que me encantaba exagerar.

Creí que ser un “intelectualoide” y escribir de la manera que lo hacía podía darme como recompensa a mis años escolares de gordura y acné la popularidad que nunca gocé. Era un pensamiento bastante superficial y un terrible error. La época en la universidad no fue tan cruel como la del colegio, pero si escasa de aventuras como mi adolescencia. No conseguí ninguna novia, ni dentro ni fuera, pero fue ahí donde nació una gran amistad con aquel muchacho autor del blog de la concienciaenoffside y otras grandiosas e inolvidables, pero novias, besos o algo parecido, seré sincero, nada. A cambio de ese fracaso aparecieron los viernes de locura y borracheras que dieron inicio a esa encantadora vida bohemia. Claro, no podía ser diferente; éramos jóvenes iniciando la universidad con ideales intactos, posiciones muy marcadas. Éramos los más completos “alpinchistas”, nunca fuimos políticos y tratar de creer que la literatura y los aspirantes a escritores deben serlo es un gran error. Vivíamos el día a día sentados en el patio, lo que ocasionaba un déficit en nuestras notas y teníamos que salvar nuestros promedios con los cursos de redacción.

Las tardes se nos iban entre los porros y las risas como dice la entrañable canción de Sabina, escuchábamos en el auto algo de rock, algo de Paez. Andrés Calamaro marcó esa época para nosotros, ya lo veníamos escuchando desde el colegio, pero fue solo en las conversaciones entre ron, tabaco y marihuana que muchas de sus letras empezaron a tener más sentido. Hablamos también sobre nuestros sueños, la idea de convertirnos en grandes escritores antes de tiempo y no esperar hasta los cuarenta para que seamos aclamados. Vivíamos del exquisito hueveo, nos divertíamos con frases geniales que inventábamos en nuestras largas conversaciones, deseábamos a toda mujer que pasaba frente a nosotros y por más que intentábamos ninguna nos miraba con deseo. Algunas creyeron que éramos homosexuales, pero me preguntaba yo, ¿se puede ser homosexual con tan poco estilo?

Soñaba tener una vida desenfrenada como la de Baudeliere, escribir un libro como Cien años de Soledad, dar extensas explicaciones sobre Ficciones de Borges, enamorarme por lo menos 4 veces al año, abandonar a cada mujer y hacerla literatura tratando de convencerla y de convencerme de que fue junto a cada una de ellas la época en la que fui más feliz. Quería vivir deprisa, sin usar los frenos. Quería terminar todas las noches borracho en algún bar buscando la redención y que me echaran a patadas. Soñé mucho y fue la vida y el destino los que me enviaron por un camino diferente, igual de atractivo y menos “heroico” que el que esperaba.

El año que cumplí mis 22 años decidí, con mucho temor, empezar a utilizar la Red para que mis historias empezaran a ser leídas por desconocidos. Exponerlas a la crítica.

Antes de tomar esa decisión solo le leía estas historias a un grupo de amigos con quienes me reunía todos los domingos. Mis relatos desataban la risa sincera, eso sí, la nube de humo que rodeaba la habitación contribuía totalmente. Escribía por esa entonces en máquina de escribir, un ejercicio relajante, un poco cliché y nada seguro.

Luego de haber perdido varias hojas decidí pasar mis escritos al tan amigable Word y luego a un blog. Me costó mucho armar el blog, escoger los colores y tratar de combinarlos, hasta que finalmente lo logré y fue así como inicié la aventura más aterradora de mi vida, desnudarme en público.

Lo más gracioso fue la búsqueda del nombre, no tenía muchas opciones. Recuerdo que en esa época salía con alguien, estaba yo en el momento más agradable de una relación, en la tan conocida luna de miel, no existían las peleas y éramos realmente felices. Ser realmente feliz me hizo entrar en un estado de idiotez total, todo era hermoso, todas las canciones de la radio hablaban de nosotros y fue ese huracán de sentimientos que influyeron en el nombre de mi blog titulando de la manera más melosa a la aventura de mi vida: estaslestrassonmias.blogspot.com, terrible error.

Me había convertido en todo un romántico, quizás era eso lo que siempre oculté. Quise ser un Pimpinela mezclado con Julio Iglesias en versión escrita, un total “mal poeta”.

Algunos me leyeron, los más fieles y los sinceros me criticaron hasta dejarme en la lona. Poco después el desamor llegó y dejé de escribir, firmando con sangre que las relaciones no eran para mí. Me entregué por completo a la noche y a los privilegios que te otorga el jamás dormir, creando así una reputación de bohemio mal puesta, ganando con muchas ganas una mala reputación.

El tiempo pasó y decidí volver a escribir intentando desahogar sentimientos, furia depresiones y tensión sexual. Al principio no tenía bien claro que era este blog y según la página web “10 tips para tener un blog exitoso” casi en todos sus puntos repite que un blog debe tener una línea editorial, pero no sabía cuál elegir, había tanto que escribir.

Un año después decidí cambiar el nombre tonto que le había puesto al blog y buscar uno más atractivo. Durante días estuve pensando el nuevo nombre, luego fueron semanas. Hasta que llegó la inspiración.


Recuerdo que por esa época, luego que la malvada de mi novia me dejara por no compartir sus sueños a futuro, ni aceptar sus caprichos de niña rica tonta, que empecé a salir con distintas chicas buscando en ellas un pedazo que se pareciera a mí. No puedo negar que era divertido. Conocía a distintas personas, con personalidades totalmente diferentes, muy guapas e inteligentes, mujeres por las que cualquiera daría la vida, menos yo.

Creo que la mujer peruana tiene un problema con el manejo del tiempo, también se desespera por ser la única, es adicta a la agarrada de mano, al te amo sin sentido, siempre buscando un final feliz que está muy lejos.
Cada vez que salía con alguien, a la semana o al mes pedía seriedad en la relación, compromiso, presentación oficial, apenas sucedía buscaba rápidamente la puerta de emergencia para escapar. La verdad era que aún no estaba listo para ninguna relación, había comprendido, y no por la separación de mis padres ni tampoco por el fracaso de mi primera relación, que el amor o enamorarse es algo que toma su tiempo. Uno se debe acostumbrar al otro, reconocerse en el otro, aguantar las manías, convivir con los defectos, con los ataques de histeria, los momentos de cólera, la frustración, la tristeza y todo lo que viene en el paquete, estás cosas no se pueden aprender en un mes. Por eso existen tantas personas que cuando les preguntas cuantos ex novios o ex novias han tenido, mínimo te responden 4, mientras yo solo he podido responder una. Esta forma de pensar trajo consigo inolvidables frases creadas en momentos de mucha cólera por aquellas mujeres de quien me separé. Entre ellas recuerdo: “le tienes miedo al compromiso”, “eres un traumado”, “hijo de puta”, “eres un pendejo”, una de mis favoritas: “poco hombre”, pero nunca nadie me preguntó el porqué tomaba yo una decisión así y tras ese egoísmo disfrazado de cólera aquellas chicas me crearon una mala reputación.

Siempre se me da por relacionar cualquier tema con mujeres, no por falta de respeto es solo que siempre están presentes. En toda reunión con mis amigos en nuestro bar favorito siempre hablábamos de mujeres. En casa con mis compañeros de piso por lo menos mencionamos a 4 mujeres por noche y aseguramos que los mejores libros se escribieron sobre mujeres. El mayor de los sufrimientos del hombre, no es el hambre, ni la guerra, ni el terrorismo, el hombre experimenta el mayor sufrimiento cuando una mujer lo deja. Son estas algunas razones por las cuales decidí ponerle al blog mala reputación, pero ya lo habían tomado, así que lo cambié a MALOREPUTACIÓN, fue así como nació el nombre y empecé a escribir en un nuevo momento. Estaba creciendo.

Han pasado varios años desde que nació el MALOREPUTACIÓN y ha tenido dos temporadas. La primera, la más cruda, la más sinvergüenza y graciosa, contando experiencias cotidianas vividas con la mujer de la quien me estaba enamorando, pero aún no me daba cuenta, F.

La segunda temporada fue más light, más romántica. F me había dicho que sí y yo era un hombre feliz.

Lo de F se acabó, pero no las ganas de escribir y los recuerdos que quedaron de esa relación fueron los mejores. Aún somos grandes amigos, aún F no lee mi blog y durante ese tiempo juntos F me hizo comprender que en realidad nunca tuve una mala reputación. Ella llegó a ser feliz a mi lado.

Maloreputación empezó a coquetear con otros temas, algunos políticos, otros sociales y regresaba nuevamente a las mujeres porque no podía dejarlas de lado.

Creo que el Maloreputación ha sido una experiencia genial, tengo muchos lectores fieles quienes me siguen hasta ahora, otros se han quejado de mi cambio, pero aún me siguen leyendo y otros nuevos se siguen sumando para observar de lejos el mundo extraño en el que he estado viviendo mis experiencias personales. La vida.

Para algunos sigo teniendo una mala reputación y puede ser que tengan razón, pero como dijo Milton, es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo…


martes 2 de agosto de 2011

5 - YO

UNO


Antes del final del holocausto empezaba ya en mi cabeza la guerra fría y los últimos proyectiles se estrellaban en el asiento trasero de un Honda Civic del 97.


Compartimos 5 días de lluvia y poco arco iris. Deshojábamos margaritas al borde de la escalera, en caso cayéramos, alguien diría al vernos “casi vivos”, que nos queríamos.


Antes del sí nos mojábamos en tal vez o en quizás, ella que sumaba para no llorar y yo que lloraba para que me creyera.

Un mes antes sonaba en nuestras cabezas, al ritmo de ese bombín oscuro, esa canción de Fiona con la cuál nos conocimos y nos mentimos. Años después nos seguimos mintiendo.


Se acabó todo como debió ser, frente al televisor, justo un par de días después del año nuevo, año que trajo consigo la verdad inevitable y empujó de la cama las encantadoras farsas que nos prometíamos.

Y te recuerdo, día a día, con un “god put smile upon your face” y un “everlong” en el reproductor. Siempre tan lejos y tan cerca, siempre tan a punto y yo tan callado, siempre tú con ese nombre de tango.

Desamores después toqué tu puerta otra vez, pero en cada ocasión las lágrimas y la desgracia nos perseguían. Primero, una visa que no quería fueras a ver al amor de tu vida y la segunda, enterramos en el jardín trasero un gato y nuestra corta historia de amor.



DOS


No pudo ser mejor imposible, ni la pesadilla sin fin. Pasó rápido, durante la edad lenta y se quedó de recuerdo en un cuaderno de derrotas en forma de poema.


Ella era la primera de mis pajas. Sus ojos falsos y sus sobresalientes pechos decoraban el salón de clase y cual flautista de Hamelín con cada paso se llevaba tras de ella todas las miradas al barranco.


Se quiso jugar la vida llevándome bajo la sombra. Ya en casa, junto a ella y una de Bob, terminé con la eterna agonía de dejar de ser el último de la fila y convertirme como dicen los machistas, en todo un hombre. Le pedí prestado un sí con dudas y maltratos, con desmayos tempraneros y amenazas de embarazo.


Me dejó como a muchos se los deja, con un adiós, un buena suerte y por otro que en el ruedo hizo una mejor actuación, quien no era ni mayor que mi hermana, que se alojaba en el pabellón del frente contra el cual nunca pude disparar.


Muchos años sin recordarla me enteré que se había casado, que había encontrado lo que siempre buscó, una ilusión que dejará de ser un cuento de hadas para convertirse en toda una realidad que ahora comparte con todos a través de fotos sin flash y sin mí.



TRES


Fue difícil creerme que la quería y ella, sin querer quererlo, lo creyó.


Empezamos luego de alguna decepción, al menos yo. Ella dejó de lado a un aspirante a marino que se ahogaba en el mar de la soledad, buscando todos los días frente a la puerta de mi casa a un culpable que no tenía nada de que disculparse.


Linda, delgada, de mirada traviesa y con un perfil que siempre le encantó mostrar. Era asediada por muchos y no mucho por mí. Nos separamos porque esta vez decidí ser yo el quien decía adiós.

La coincidencia quiso jugar con nosotros a sus juegos de amor. Nos encontrábamos cada dos años luego de cada separación para jurarnos de que esta vez si sería para siempre.


Luego de 8 años nos volvimos a ver de forma virtual. Ella sigue buscando el amor perdido o nunca encontrado, ella sigue siendo la eterna novia en busca de un final feliz, mientras yo sigo escribiendo historias sin final.



CU4TRO


Por un ojo y un botón casi acabo en banca rota. No solo fueron cuestiones del corazón por las que me abandonaron esta vez, también lo fueron una cartera que sufría de una terrible anemia y un futuro pocas veces seguro.


Bella y pequeña, ojos jalados por los extremos laceados. Un cuerpo sumamente tentador, una voz con un leve pitillo de niña engreída, muchos prejuicios sobre la espalda y sueños de princesa cobarde que durante un tiempo intenté hacer realidad.


Se fue por la puerta principal y el luto duró dos semanas durante las cuales había conocido por sexta vez al amor de su vida. Con la frivolidad que la caracteriza me lo dijo a través de las “fotitos” que se cuelgan en el perfil del chat y uno que otro nickname lleno de azúcar y bombones.


No sé cómo la olvidé, ni tampoco sé cómo nunca pude crearle una hermosa metáfora que describiera su exquisita maldad, su forma de controlar las cosas a través de caricias en lugares exactos y de susurros al oído que pintaban en la atmósfera las más bellas mentiras que durante un tiempo me hicieron feliz.



CINCO


Empezó como el juego seductor de probar lo prohibido. Lo prohibido se hizo adictivo y esa adicción se convirtió en algo muy parecido al amor, solo que del amor nosotros no sabíamos nada y sobre la nada decidimos escribir una historia, una nueva aventura.


Nos confundimos entre verano y otoño, vivimos un invierno muy frío y Dylan nos llevó de la mano hasta que nos hastió. Nunca me cansé de ella, tampoco lo hice de su pelo enredado, de su forma de hablar, de su lunar en el labio superior, ni de su extraña forma de correr y de huir cuando ya no nos queríamos más.


Algunas veces terminábamos tirados sobre el césped de algún parque, mirando el cielo y prometiéndonos ser felices hasta que llegara el fin del mundo. Aprendimos en todo ese tiempo a tomarnos de la mano, a abrazarnos y compartir con la frialdad que nos caracterizaba algunas palabras de amor, pero el fin llegó un poco antes a nuestro mundo.


Duramos lo que duraron nuestras ganas, entregamos hasta lo que no tuvimos y decidimos, a pesar de casi no quererlo, acabar con el buen tiempo y convertirlo en un buen recuerdo. No fue fácil, pero las lunas nos sirvieron para reflexionar y seguir mirando el cielo, esta vez no tan cerca, pero tampoco muy lejos.


miércoles 1 de junio de 2011

Historias incompletas

I

Algunas noches, tal vez las de más frío, la imaginación no huela tanto como quisiera, las cosas se transforman en objetos tan comunes cuyas características desaparecen ante mi mirada atónita como si fueran minutos perdidos u hojas que caen lentamente de los árboles en otoño, hermoso final al cual no le presto atención. Así pasa cuando no sé que escribir y nada se me ocurre.

Unos cuantos cigarros y un poco de buena música acompañan la sesión al momento de tomar aquella máquina de escribir e intentar plasmar en algún papel, el que tenga a la mano, todo lo que en ese momento pase por mi cabeza. Algunos de mis amigos más cercanos han sido testigos obligados de estos momentos, cuya recompensa es la culminación de alguna nueva historia, cuento, mentira, verdad, locura , realidad, que posteriormente se las relato en un ambiente propicio, el bunker de un gran primo, un publicista que proporciona su casa para reunirnos y conversar sobre algunos temas que poco a poco nos absorben, algunos de ellos ya ahogados y otros a punto de naufragar, cuyas repeticiones y nuevas versiones desatan siempre la risa.

Hoy es una de esas noches frías aunque no es la primera, pero es una de las más desesperantes, de las más curiosas, no sabría realmente como explicarlo ni como confrontarlo. Sobre esta pantalla pongo letras contando esta parte de mi vida como si me encontrara en el círculo infinito de una reunión de doble A y siendo está la primera vez que asisto, en la cual delante de todos me presento y explico mi problema tratando de encontrar ayuda para continuar sin caerme otra vez, acabar con mi desesperación, ( aunque me encanta llamarle síndrome de abstinencia), cuando las ideas no fluyen y las historias no aparecen.

Pero no quiero echar a perder esta noche que a pesar de su frialdad e incredulidad es propicia para escribir y contar, a pesar de que no hay historia, hoy describiré a aquellos que siempre han sido fans números uno de “los de huaipe”. Juntos todos los domingos y feriados también , algunas temporadas separados pero siempre llega el rencuentro. Son aquellos muchachos cuyas vidas han servido más de una vez para inspirar mis cuentos. A ellos está noche, sin afán de burla, de reclamo, de preferencias, los describiré por ser ellos los que empujan el camión de letras bajo la lluvia de ideas que es mi cabeza.

“Para esos perdidos, compañeros de noches y de días, un gran abrazo y un silbido. Gracias por sus oídos y sus ojos”

II

Hace un mes regresaron las noches sangrientas, las noches de rock and roll y baile desenfrenado. Hace un mes o casi uno, no recuerdo bien, he vuelto al dulce vicio de pasear por el Centro de Lima y visitar sus bares tan acogedores, tan íntimos. Aquellos bares que dejé de visitar porque no quería recordar más aquellas madrugadas en la cuales, como dice mi amigo, éramos felices y porque también recomiendan por ahí que al lugar donde haz sido feliz no debieras jamás volver.

El tiempo ha pasado y han llegado nuevos aires. Algunas amistades que pensé se perdieron regresaron con ganas de quedarse un rato más y otras nuevas han decidido acompañarnos. El celular ahora suena todos los fines de semana, los correos electrónicos llegan a diario con buenas noticias y el trabajo se hace más llevadero y divertido.

Una serie de personajes nos hemos reunido para demostrar que no hay mejor fin de semana que el que se pasa bailando, bebiendo, pidiéndole al cielo que siga de color oscuro y rogando que la mañana pierda el bus. Nos llenamos de conflictos y los expulsamos sobre la pista de baile o mejor dicho, el pedazo de piso en el cual la gente baila.

Entramos deprisa y con todas las ganas encima, el ron aún con su saborcito se divierte en nuestras bocas, el guardia nunca nos quiere rebajar la entrada y nosotros no estamos dispuestos a dejar de entrar. Se abren las puertas y el olor a humo de cigarrillo y cerveza entra por nuestras narices dándonos las bienvenida. El lugar es oscuro la gente baila y suda, gritan cuando pasan algún hit del recuerdo, se empujan sin querer hacerlo, es solo la falta de espacio. El alcohol los moja a todos, de los baños salen con miradas cómplices, con narices inquietas y con ganas de seguir rumbeando.

Uno pasa de costado, tiene que esquivar a la gente, a los necios, a los borrachos y a algunas caderas en movimiento que siempre es bueno observar. Pedimos cervezas, uno se acerca a la barra y las compra, mientras el cantinero les va pasando las botellas el quien se encargó de comprarlas las reparte a toda la “patota” que se encuentra atrás, sedientos y esperando.


III

Había una vez un espejo, el espejo estaba dentro de una habitación y la habitación dentro de una casa habitada por el ser más extraño que alguna vez haya conocido y eso que he conocido lo suficiente y a los suficientes. Los suficientes son un grupo de muchachos que creen que no necesitan a más miembros porque, como su nombre lo dice, son suficientes. Murieron todos el año en que los conocí y estoy seguro que fue mi culpa. La primera noche que nos sentamos a conversar les pregunté: Sí ustedes son “los suficientes” y ya no dejan entrar a nadie a su grupo, (porque ya son suficientes), entonces, ¿cómo hizo el primer suficiente?
Entraron en pánico y no los volví a ver más.


IV

Otra vez el cielo gris de la ciudad decora el día y conversa con poco ánimo con el pavimento que viste del mismo color. En medio una ciudad pintoresca, sonriente apretando el diente y hermosa a su manera. Sobre una de esas veredas va a Andrés caminado casi distraído en dirección a su tercera reunión del día. Camina sin problemas, esquiva a la gente que viene contra él sobre esas pequeñas veredas miraflorinas. Andrés, los mira fijamente tratando de descubrir que es lo que piensan y de rato en rato ve hacía arriba como si buscara una respuesta divina, pero eso no es cierto, lo hace para poder tener vigiladas a las palomas que se posan sobre los cables de luz y evitar así ser cagado nuevamente.

Va a verla, tiene una reunión con ella. Una mujer que conoció hace unos años y que por cuestiones de la vida y de carrera ahora trabajan juntos, sin estarlo, en proyectos que esperan hagan realidad sus sueños. Mientras camina, recuerda con dificultad el día que la conoció. Andrés iba en un taxi camino a no sabe dónde, sentado en el sitio de atrás para poder pensar con tranquilidad sin que el conductor lo interrumpiera con una conversación política o de queja. Llegó a su destino, pagó y bajo. Al abrir la puerta vio pasar frente a él una mujer con la que había soñado noche tras noche y que creyó en algún momento que no existía.

Sus cabellos rubios lo dejaran hipnotizado o para describirlo mejor, le dejó un cara de bobo. Tenía puesta una falda y unas pantys que marcaban sus hermosas piernas…

V

La corta biografía de Luca Roca por Luca Roca

Fui al empezar un bebé con mucha cabeza, será que tenía antes de nacer muchas ideas. Era algo sorprendente, una gran “mitra” y un cuerpo pequeño que auguraban un futuro lleno de apodos y burlas. Acabé siendo muy querido por todos, el bebe cabezón con cara angelical, dificultad para aprender a caminar y el mejor amigo del biberón. Una época de engreimiento total, tenía todo, coche de dos ruedas con asiento reclinable y quema coco. Tenía atención las 24 horas al día, me llevaban al baño, limpiaban mis cagadas y me meaba sobre todo. Me daban de comer y si se me pegaba la gana tiraba los alimentos al piso, nadie decía nada y yo tampoco porque no sabía hablar. Me embarraba la comida en la cara y la gente sonreía y decía: “ay que lindo”, que etapa tan poética. Me hacían dormir, me hacían eructar y no tenía idea de lo que era la vida, ni ninguna preocupación. Tenía en mis manos el mejor oficio, lo único que tenía que hacer era comer, llorar y cagar.

Fui un niño feliz, con muchos juguetes, muñecos cuyos nombres olvidaba al instante. Empecé a engordar, imagino buscaban en casa hacer de mi cuerpo algo proporcional a mi cabeza. Ya estaba en el nido, recuerdo me ponían mi uniforme naranja y me mandaban al salón celeste y mi linda profesora soportaba que me quedara dormido a cada momento, la maestra que muchos años después volví a encontrar como la madre de mi novia. Me hacía encima siempre, con los amigos jugando, en casa viendo tele, mientras ojeaba unos de los libros de grandes preguntas y respuestas de Carlitos Charlie Brown, era placentero, me gustaba hacerme encima el tan conocido 2 y era terriblemente feliz.

Pasó el tiempo y aprendí a manejar el fuego, fue fabuloso, pero terrible para mi madre, sus adornos, sofás, alfombras y jardín. Estando prohibido de “jugar con fuego”, cosa que deberían prohibirme ahora, descubrí las bondades del agua y lo divertido que se ve el papel flotando sobre ella y como ese mismo papel en cantidades controladas puede atorar el inodoro y crear una inundación. Con todo esto llegaron los primeros castigos y los primeros regaños. Encerrado en mi habitación solo fruncía el ceño y cruzaba los brazos, una actitud desafiante para esa etapa de mi vida, miraba la televisión con desgano y esperaba el momento que la condena terminara, por lo general, mi madre, que actuaba de juez y parte, me castigaba solo algunas horas y luego preparaba algo delicioso para comer y cerrábamos el asunto con el estómago lleno y una sonrisa cómplice.

Levantarme era divertido, mamá ponía en el tocadiscos discos clásicos de Led Zepellin, los Doors, Dylan y bandas que en esa época estaban de moda e influenciaron mis gustos musicales, pero no era lo único que se oía, había días grises en los cuales mamá escogía otro tipo de música, composiciones en las cuales no se escuchaba una guitarra, solo bajo, batería y piano con letras melosas, dramáticas, despechadas y para mí, en esos momentos, sin sentido. Tengo que aceptar que no me gustaba, pero las melodías eran adictivas y las letras, en español, eran fáciles de recordar, entre ellos tenía a Pimpinela, dúo de hermanos argentinos con canciones que podían desquiciarte o hacerte reír, los acompañaban el inmortal Django y no lo digo por su música, aunque hay canciones que rescatar, sino porque en la actualidad sigue cantando, también estaba José Luis Perales, Basilo y el sex symbol Julio Iglesias. Odio a Julio Iglesias, siempre cantando con la mano en el estómago como si le doliera y su voz, mejor dicho su pronunciación era extraña, había letras que no se entendían, pero que alocaban a mi madre, entre Iglesias y Morrison, me quedé con los dos. La colección musical de mamá era una caja de sorpresas.

Por fin ingresé al colegio. Un colegio de clase B con muchas ganas de ser A. Estaba muy emocionado en mi primer día. Llegué, no fui de esos que lloraban al separarse de sus padres, ni tampoco el más elocuente del aula. El aula era grande y mi profesora era una mujer genial la Miss Anita.


VII

La noche es el mejor momento para salir a recorrer las calles, muchas veces es sangrienta, otras veces se convierte en cómplice y cubre debajo de sus oscuras mantas las acciones que no nos atrevemos a realizar bajo la luz del día. El día, un amigo que me deja ver todo como realmente es y me regala cada mañana una taza cargada de noticias amarillistas y crónicas televisivas que matan mis neuronas peor que cualquier otra sustancia que dicen no se debe consumir.

Actualmente pasamos por un proceso electoral que tiene poco de risible y si mucho de indignante. En el día por la calle veo la propaganda política y pienso que el mes de julio se adelantó y sus circos acaban de llegar. Por todos lados la gente habla de política, mucho de ellos son jóvenes que ahora creen ser eruditos en el tema y realizan las mismas acciones que nuestros actuales políticos practicaban cuando tenían nuestra edad. Por otro lado, se ve un grupo comprometido que quizás genere un cambio, pero en resumen, la política sigue siendo ese bocadillo que empieza dulce y termina amargo.

jueves 19 de mayo de 2011

La casa de Carlitos

“Un búnker es una construcción hecha de hierro y hormigón, que utilizamos en las noches para protegernos de los bombardeos de la razón.”

Es verdad, está a la vuelta de la esquina entre un lugar en el que hacen pan y otro en el que le ponen hamburguesas. En un segundo piso y por una escalera al cielo podemos llegar a la casa de Carlitos.

Cada peldaño es un recuerdo y el marco de su puerta un grabado hecho de ideas descartadas y olvidadas en el tiempo. El lugar está decorado al mejor estilo “recyclé now” y por una esquina salen unas ramas inconclusas que en cada borrachera promete terminar. En medio una mesa que ha soportado derrotas y triunfos, vasos y lágrimas, verdades asesinas y mentiras piadosas hechas de cartón y madera.

El sofá está ubicado frente a una pantalla inmensa a la que llamamos, por casualidades de la vida, ventana. A través de ella vemos la tan tragicómica realidad, también muchos amaneceres con olor a tamal y disfrutamos asomarnos cada vez que debemos dar una bienvenida, por ahí es un amigo querido con un par de botellas o alguna bella princesa que no encuentra donde caer y descansar de un día que casi termina con ella.

En casa de Carlitos casi siempre estamos en juicio y nunca tan juicioso, somos culpables de muchos delitos. Tenemos un abogado de oficio negro y de cuello largo que nos cobra con sonrisas y relajo la oportunidad de sacarnos absueltos y sin daño alguno de las noches de bohemia. En la casa de Carlitos se baila desesperado, se piensa antes de hablar y se habla sin mucho que pensar. Las ventanas nos brindan un paisaje de ensueño solo sí miras para adentro. En esa sala de juicios el diablo es nuestro abogado de oficio y cada vez más nos dicen al oído que vamos por el camino perdido hacía una buena dirección.

No nos quejamos mucho aunque los vecinos si lo hacen, bebemos con moderación para no acabarnos todo el abastecimiento de ron. En casa de Carlitos existen leyes que se deben respetar, nunca llegues sin bebida bajo el brazo, de cigarros trae lo mejor y de lo otro, abre la ventana para que no se quede el olor. No rompas los vasos, ni aunque la banda improvisada que se arma lo merezca, ni tampoco se te ocurra entrar a su aposento a hacer alguna travesura que podrías terminar al lado de Hemingway. Habla de todo lo que puedas, cuenta las mejores historias de tu día, baila o toca alguno de los instrumentos que se han quedado instalados por voluntad propia y si quieres canta que siempre se te aplaudirá.

En las mañanas algunos quedan, los más valientes, los sobrevivientes de la última batalla barranquina o de las más épicas en el centro de Lima. Se vive en esa casa con poco tino, mucha alegría, sazón de algún cocinero improvisado, algunas palabras de un torpe aprendiz de poeta, las gotas de juventud de algunos seguidores amantes de la arquitectura y risas de mujeres inolvidables que decoran de primavera las noches eternas.

En casa de Carlitos se reúnen alrededor de la mesa los mejores personajes de Lima la nuit, el elenco de la obra más imponente de la historia, LA VIDA. Entre todos nos contamos y nos tomamos hasta el pelo con mucho hielo. Carlitos y sus bigotes, su sonrisa y el ceño fruncido. La voz fuerte que ordena cada 30 minutos que alguien entre a la cocina por más hielo o vaya a la tienda por más ron, mientras que entre sus manos la arcilla va tomando forma y de fondo tenemos unos bongós de principiante que cada vez suenan mejor y la guitarra donde el flamenco se escucha es tocada por un español que nos cayó hace unos meses, con tatuajes en el brazo como dice la canción que tanto le gusta. Antes un italiano amante de la chicha se encargaba de animar las noches, la casa ha sido bendecida de tener músicos tan suicidas.

En la casa de Carlitos calentamos las noches por temor al frívolo ungüento que nos pasan sobre el pecho las manos delicadas de algún farol.

El piso es un piso de estación en donde nos paramos obligados a esperar el tren que nos llevará de polizontes a algún lugar en donde podamos ver de cerca lo que siempre quisimos observar de lejos.

Las habitaciones se pintan de ron y en ellas se escriben historias cuyos pormenores son tan de mayores, tan delicadas compuestas con mucho “son”.

Compartimos experiencias y mostramos nuestras mejores cicatrices cuando nuestra afición preferida nos está llevando al límite de la alegría.

En la casa de Carlitos se vive de corrido, a veces él, con mucha sinceridad te dice al oído: “Si quieres vivir cien años, no vivas como vivo yo”. ¡Salud!


lunes 18 de abril de 2011

Plegaria por un Perú más tolerante por Yolanda Platon

No solo son las letras los que nos une, también una gran amistad y muchas ganas de cambiar las cosas.


Hoy tenemos en el malorputación una colaboración de mí gran amiga Yolanda Platón, un texto que nos hará reflexionar sobre la situación actual de nuestro país.

Gracias Yolanda!

...



En la escuela de mis hij@s aquí en Lima, un ejercicio sencillo en primaria demostró el nivel de intolerancia, racismo y miedo hacia niñ@s de tez más oscura, cultura diferente, y viviendo en condiciones de pobreza. Estos estudiantes calificaron al pobre de “egoísta,” “peligroso”, o “malo”. En la misma semana, en un aula de estudiantes más pequeños, un niño fue criticado por la mayoría por la preferencia electoral de sus padres. Estos incidentes son tremendamente preocupantes, peor aún es la falta de sorpresa o preocupación de la inmensa mayoría de los padres de familia. ¿Qué nos pasa?, ¿Cómo se construye una nación sin respeto, tolerancia y empatía? Esta plegaria es para que encontremos la valentía de aceptar nuestros miedos y prejuicios y la humildad de cambiar nuestras actitudes para asegurar un futuro de paz y democracia.



Los niñ@s no son, por naturaleza, racistas, ni clasistas, más bien somos los adultos que modelamos estos comportamientos en nuestras acciones, vocabulario, y miedos. Por eso, pido que la escuela y la casa trabajen juntas porque no basta celebrar la diversidad o multiculturalidad en abstracto, ni funcionará el mejor currículo de convivencia y valores si los niñ@s no lo viven. Tanto en la escuela como en la casa tenemos que ser constantes en el desarrollo de tolerancia e inclusión a través de acciones pequeñas y grandes.



Las escuelas, en su mayoría, tienen mucho éxito con las acciones grandes, por ejemplo, recogen dinero para desastres naturales locales e internacionales, los estudiantes hacen servicio comunitario en zonas urbanas y rurales, y/o, actividades de protección del medioambiente, entre otras. Pero, tanto en la escuela como en el hogar fallamos en las acciones pequeñas que son más importantes y de mayor sostenibilidad. Lo más importante es generar respeto mutuo y es lo que menos se cuida. Esa falta de respeto, por miedo, costumbre, ignorancia o “tradición” se manifiesta todo el tiempo en nuestro medio a través de relaciones interpersonales, a través de nuestras miradas y gestos, y en nuestro vocabulario. Se manifiesta en el trato a las personas que cuidan a nuestros hij@s, cocinan y limpian la casa. Se manifiesta en el maltrato al guardia de seguridad de la escuela, al mozo, la cajera o la vendedora del mercado. Pido una sonrisa o una mirada cálida que no cuesta nada pero abona mucho a la inclusión y aceptación del otro. Pido porque seamos capaces de hablar con nuestros hij@s con claridad para ayudar a identificar la exclusión y evitarla. Pido porque seamos cautelosos en nuestro lenguaje para que ell@s no copien tanto insulto ni usen descriptores negativos. Pido porque tomemos el tiempo de sentarnos con nuestros hij@s para jugar un vídeo juego, ver televisión, ir al cine, o usar la computadora para luego discutir quién está excluido y porqué.



Lo último que pido, en esta coyuntura electoral tan polarizada, es que nos acordemos que nuestros niñ@s, sobre todo los más pequeñ@s, no tienen el contexto ni la madurez para entender nuestros miedos y es muy triste generar esa tensión en sus vidas. La gran mayoría de nuestros educadores saben que las preferencias políticas no pertenecen al aula, quizás hay que recordárselo a las familias. La convivencia pacífica depende de respeto mutuo, concertación y trabajo en equipo, vamos a enseñarles a nuestros niñ@s que somos capaces de
convivir en una verdadera democracia.


martes 12 de abril de 2011

Es ahora el momento


Hemos pasado por unas horas difíciles, por una incertidumbre que ha tenido a muchos despiertos y pensando en un futuro que aún no ha llegado. Otros han celebrado el triunfo de sus ideas y otros cuantos probaron la derrota. Algunos blasfemaron y lo siguen haciendo, otros promueven la huida y unos cuantos han recibido la noticia con una pícara sonrisa y mucho optimismo. Muchos utilizan los medios para dar su opinión sin importarles el voto del pueblo y varios en la red sueltan sentencias que traen como consecuencia división y malestar. Lo he visto todo en menos de 48 horas y me he dado cuenta que esos son solo momentos.


Ahora es el momento de reflexionar, el momento de repasar tranquilamente. Es el momento de no pensar en uno mismo y querer hacer prevalecer una opinión sobre las demás. Ha llegado el momento de dejar de creernos grandes politólogos y eminencias en el campo económico. Señores, ha llegado el momento de unirnos, de respetarnos, de entender que este es un país, de que somos una comunidad y que todo nos afecta a todos. Entendamos que dividirnos no es la solución.


Es increíble lo que he visto en estos días. Peruano contra peruano, ideologías baratas que por fin nos han dominado. La falta de respeto entre ciudadanos es el desayuno de cada día. Ahora, este país, mi país, en vías de desarrollo y con una promesa de progreso económico sobre los hombros, es un país que cholea, es un país que llama ignorante al ignorado, un país que quiere hablar de democracia, pero que no quiere respetar los resultados. Un país con temor. Recuerden que un país es lo que su gente es.


Y en toda esta confusión seguimos sin darnos cuenta que hay cosas que no se han solucionado y ahora vemos los resultados. No nos hemos dado cuenta que la pobreza continua ahí, a la vuelta de la esquina, que el crecimiento no solo puede ser para algunos. No nos hemos dado cuenta que la educación no es la mejor de todas, que existe un gran porcentaje de adolescentes embarazadas, asesinatos, violaciones, corrupción, discriminación, intolerancia, violencia, hospitales llenos y sin medicinas ni médicos que atiendan las emergencias. No nos hemos dado cuenta que son esas razones por las cuales hoy juntos debemos luchar, son esas razones por las cuales realmente el país no progresa, son esas razones que no han sido atendidas por nuestro “hermoso” crecimiento económico, son problemas diarios y reales que suceden porque hemos olvidado cada vez más ser nosotros para convertirnos en un simple YO.


No me alarma quien gobierne, me alarma que el país se divida, que los jóvenes sean tan intolerantes, que discriminen un voto y que tomen a algunos periodistas como referencia para opinar, no es falta de oxigeno sr. Mariategui, es falta de comida y educación. Entendamos por fin que esto es solo el resultado de una política tradicional que nos ha gobernado durante años y ahora está en nuestras manos cambiarla, pero no cambiarla buscando un presidente que cumpla con nuestros “altos” estándares de calidad, la idea ahora es apoyar a quien salga, buscar el bienestar de la gente, porque esta vez eligieron aquellos a quienes hemos olvidado y es a ellos a quienes debemos enseñar, pero con ejemplo, no menospreciar sus capacidades, ni mostrarles lo bueno que somos para criticar y estar en contra.


Hoy ha llegado el momento de continuar, el momento de entender que somos uno solo, que somos un país encantador, con gente hermosa en sus calles, gente criolla y gente buena. Vivimos un momento de cambio y es hora de que cambiemos nosotros, llego la hora de no solo ver, también observar, no solo oír, aprendamos a escuchar. De que nos sirve seguir discutiendo entre nosotros, querer ser uno más inteligente que el otro, de que nos sirve pensar que todo está perdido si aún tenemos un corazón que late con muchas ganas.


He despertado hoy con ganas de trabajar y seguir empujando este carro, he despertado con ganas de ver a la gente sonreír. He despertado queriendo contribuir con el desarrollo, contribuir con mejor educación para nuestros niños, con mejores salarios para nuestros trabajadores, con educación superior de calidad. He despertado hoy con ganas de no dividirnos, de darnos la mano, de ser por fin hermanos, de tirar el egoísmo por la ventana y por fin comprarnos el pleito y luchar por un mejor mañana. No somos ni tan tontos, ni tan listos.


Somos una raza unida, luchadora, entregada, que grita siempre te amo Perú. Hoy es el momento de no dar la espalda, llegó la hora de dar el pecho y el corazón y demostrar de que estamos hechos, de mucho amor y control.


Hoy olvidémonos de rencillas personales, de filosofías e ideologías y empecemos a soñar con un mañana distinto, dejemos las opiniones políticas de lado, no perdamos el tiempo en eso y empecemos a movernos para buscar formas de solucionar tantos problemas. Demostremos que somos nosotros, el pueblo, quienes tenemos en nuestras manos las riendas del país, seamos buenos con el prójimo, levantémonos el ánimo y dejemos de ponernos trabas.


Amigos, sigamos soñando, trabajando y luchando porque mientras nosotros actuemos para que todo esté mejor y creamos que lo va a estar será suficiente. Finalmente, todos queremos lo mismo, un Perú maravilloso.

lunes 7 de febrero de 2011

Son solo 27

La mesa con velas y marcas de vasos que ya fueron retirados. Velas que se prenden de casualidad que alumbran un espacio lleno de muebles elegantemente acomodados para recibir a cualquier visitante inesperado.

La dulzura se perdió con el invento de los fastfood, el amor terminó impreso en libros de biología que cuestan un poco entender. Pasamos horas buscando la definitiva respuesta, una de esas que nos proporcione tranquilidad, calma y menos dolores de cabeza.

Las paredes se añejan y la botella de alcohol se descascara. Los ómnibus me cantan al oído la peor de las baladas, algunas sinceras y otras completamente mentirosas y extrañas. Gotas de color rojo muy parecidas a la sangre decoran el inmenso cielo sacado fuera de escena dejando de lado a todas las estrellas.

Algunas veces sentados en el banco de la felicidad dibujamos con el dedo las obras que Picasso jamás mostró. Las letras ahora son de teclado y pantalla, los piropos un mal entendido y las ganas de tener ganas se dictan en cursos modernos de alguna escuela inglesa. Vivimos como siempre comprando al por mayor emociones inventadas, el dulce amargo de los comienzos y alquilando salidas de emergencia para el momento de huir.

He escrito sobre algunas cosas que se pasan de absurdas, otras, tratan de ser sinceras, insípidas e hipócritas, por alguna razón se siguen escribiendo buscando sin querer el último aplauso para matar luciérnagas, tirándole al expositor una que otra rosa, una que otra botella y alguna un poco de ropa interior rentada en algún viejo burdel.

Las luces alumbran el largo camino de la ciudad, sus calles viejas y jóvenes han sido recorridas y grabadas en la memoria. Los nombres se olvidan al instante, los bailes se perfeccionan dentro del laberinto sin sentido de la música pop. La televisión se ha convertido en pantalla y las pantallas nos muestran lo que no pudimos hacer o lo que no llegamos a ser, naciendo en nosotros un anhelo por conquistar el mundo, por conquistar al otro, por cambiarlo todo sin darnos cuenta que debemos, por cuestiones de historia, cambiar nosotros mismos, pero nos negamos de alguna manera, decimos que no es necesario, que hacemos cosas buenas, cosas escritas en nuestras libretas, con horarios y esquemas, con ideas que pierden el sentido de tanto repetirlas.

Se repite una imagen en mi mente con casas de color negro y salas de rojo intenso. Las mujeres que decoran las esquinas ya están agremiadas y el placer comprado ha sido sobreevaluado por culpa de algunas leyes. Los hombres cada vez quieren ser más sofisticados, poseedores de respuestas correctas en momentos correctos. Las personas han perdido el miedo a volar sin paracaídas, han perdido el miedo de caer en el olvido queriéndose olvidar de todo cada día y el mundo sigue girando mareándonos a todos de una u otra manera. Nos compramos el problema y dejamos el pago a largo plazo y con intereses para las soluciones.

La vida dura un buen rato, un buen sorbo, un amague y un gol. Las cosas con los años se han convertido en indispensables, la independencia en una virtud obligada y la condescendencia en el peor de los males. Los motivos ya no sobran, pero si las excusas y los pianos son el instrumento más caro. Acabamos sedientos siempre y cansados cada fin de mes, luchamos por ideales hipotecados y discursos encantados escritos por un buen redactor fantasma. La vida dura un rato, como a veces un rato se convierte en toda una vida, la simplicidad ya no es tan simple y lo complicado termina por ser lo correcto. Las decisiones se toman con algunas pastillas para dormir y las noches de sueños son solo espasmos que no logramos identificar.

Escribir es un mal necesario, los ruidos siempre distraen o traen con ellos información necesaria para seguir escribiendo. Las palabras son un remolino en la cabeza, las ideas salen de a pocos y tímidas. Los lapiceros un buen recuerdo que no queremos olvidar y las páginas de alguna agenda entretenida siempre atenta en caso un derrame de creatividad o alguna confesión mortal. El testamento de nuestras emociones encargadas a un cartero que no conoce la dirección y no cuenta con mapa.

La respiración caliente en el cuello, el par de nalgas sobres tus piernas y el vaivén del encantador acto de amar forman un rompecabezas que rompe las ventanas, castiga a la aurora y al amanecer, dejando que la noche sea juez y parte. Un jurado compuesto de nubes espera la última palabra por ahí nos condena a un camino eterno de indecencias o pobre de aventuras.

Un poco para ustedes mis queridos y estimados, mis farolas en el camino, la llanta que nunca se pincha, el motor de mis noches extremas. La sonrisa a mi lado, la tele y el super nintendo, las canciones a las cuales les damos más significado que el que realmente tienen. La comida sin sabor en las tardes de otoño en las cuales siento una necesidad extrema de salir a rodar. Ustedes y los cumpleaños bien cumplidos, con mucho del otro y mucho de lo ajeno, las palabras en noches de frio y los empujones en las tardes de verano. No son muchos, pero son los suficientes, los necesarios que alimentan hojas y hojas con pura verborrea con mucho significado y mucho honor.

Se acaban 365 días para mí, 365 días con ustedes y unas verdades tan mentirosas que suenan geniales. Un breve lapso de gracia, una eterna luz que no se apagará. Al costado de un crucigrama en donde las noches terminan, en la puerta de entrada sin necesidad de buscar la salida. Un año más de agujeros bien tapados, de cielos dibujados en un lienzo interminable, las letras escritas en una hoja insoportable a la cual le cuento mis inquietudes y mis experiencias. Son solo 27, un número plasmado en una bandera que da la partida, esperando, en esta carrera, que la llegada esté tan lejos y que el camino siga siendo decorado por las palabras que nos regalamos, por los sentimientos que compartimos, por el eterno “salud” al cual no hemos acostumbrado.

miércoles 29 de diciembre de 2010

Carta de fin de año de Romeo a su última Julieta

Querida Julieta:


Te escribo por encargo para no atribuirme honores que ya no me pertenecen. Terminé ayer de llenar el crucigrama que no nos dejaba dormir y junto a un solo de trombón me bebí la última botella de Oporto que desolada decoraba la mesa de aquellas cenas llenas de conversación y algo muy parecido al amor.


Una vez más Julieta llega el fin de año y con él el fin de algunas situaciones que incomodan debajo de la camisa a la altura del corazón. La vida se nos fue con 365 días llenos de aventuras y 35 días que perdí en aquel juego sobre tu cama. Te cuento en esta última carta, escrita en el casi último día del año, que no he perdido la mala costumbre de pensar en ti, de jugarme en las noches con el destino mis últimas monedas envolviéndome en las sábanas esperando que me protejan de los recuerdos cada vez que quiero ver la luna llena pegada a mi ventana.


Julieta, ya no me crees cuando te digo mentiras, mis verdades han perdido peso y el kilo de poesía ha perdido su verdadero precio. Calmado algunos días espero sin esperar que el vientecillo no me despeine más, que la habitación ya no me quede tan grande, que tu peine no se mude de mi baño, que parte de tu mejor ropa interior solo la modeles conmigo, que esa posición frente al espejo sea exclusivamente mía, pero no puedo competir contra el hombre invisible, ni con las ruinas que mis absurdas y encantadoras emociones dejaron en el camino.


Escucho en el 2do piso que ya están celebrando la huida del año, sentados esperan la llegada de un próspero mejor. A mí esta vez me acompaña un “buena suerte” que no tiene ningún atractivo y escasea de frialdad. Ahora estoy decidiendo si marcharme o pegarme a tu puerta esperando que salgas nuevamente sola y que yo te encuentre de casualidad, luego pienso en presentarme con cierto nerviosismo mientras una sonrisa se dibuja en tu rostro. Esperar después unos días para regalarte las flores que no te gustan y los libros que no pensabas leer.


Intento no recordarte, pero se hizo difícil quitarme de la mente el tatuaje de tus ojos, arrancarme de los dedos los restos de tu cabellera y olvidar tu larga caminata semidesnuda de la cama hasta la ducha. Sin embargo, creo que he podido guardar algunos olores y expresiones que dieron a mi vida la oportunidad de volver a jugar a la ruleta rusa.


Algunas veces mentí solo por cuestiones de estar mejor, de crear un mundo alrededor con bases lo suficientemente fuertes cuidando que no se nos caiga la torre de naipes. Buscaba por eso la fórmula correcta para el “feliz para siempre”.


Es difícil escribir en esta ciudad, tan grande y tan pequeña, tan gris, tan ajena. Tu habitación en lo alto, cerca del mar, cerca del cielo, cerca del campo. No he dejado de recordar cada minuto, cada día, las noches de insomnio, la música de los domingos, ni las que bailamos luego de algunas copas del bien y del mal. Con todo esto se acerca el final de la guerra, el fin de año y la búsqueda de un culpable, torpe búsqueda que solo afectó nuestras memorias olvidándonos que fuimos felices. En nuestra balanza lo malo pesó más que lo bueno, el tedio nos venció como los meses vencen al año. Ya no te digo que salgas de ahí, ni que te asomes al balcón. Ya no repito tu nombre, ni me pierdo en los bares en los que nos bebimos la decepción. Tampoco busco luces de neón con la esperanza de olvidarte poco a poco.


Llegó el fin de año, el ron añejado en copa nueva y nuevas ideas inspiradas por ti, pero para otra boca, pues se viene, Julieta, encima 365 días más para volver a empezar, para dejarte ir, para volver a pasar bajo tu balcón y sonreírte tímidamente como cuando nos conocimos, ahora tu feliz sin mí y yo siempre contigo.