lunes 5 de septiembre de 2011

¿Qué carajos es MaloReputación?

Sobreviví los horrores del divorcio de mis padres, a sus peleas y a sus pocas ganas de estar juntos. Había comprendido a temprana edad, sumergido entre dibujos animados de los 80s, que el matrimonio era una guerra interminable, una lucha por la supremacía del otro sobre el otro, la demostración absoluta e insana del poder, el peor de los errores, el trabajo que nunca se debe llevar a casa.

Podría decirse que tengo una visión pesimista del asunto y a los seis años es complicado ver el vaso medio lleno en situaciones que albergan mucho rencor, frustración y un ánimo por fracasar inimaginable.
Los sentimientos encontrados olvidan donde “encontrarse”, aprendes a la fuerza a vivir una separación amorosa. Te conviertes en espectador de un inminente holocausto en el cual lo único que te debe preocupar es separar de manera objetiva tus sentimientos para no ser infiel a ninguna de las partes. Llevas de la mejor manera posible la repartición de bienes, la repartición de tu persona, los fines de semana divididos y la cantidad de paseos a los que te acostumbras.

Crecí y comprendí que las relaciones humanas son más complejas de lo que parecen, más enredadas de lo que imaginaba y menos sofisticadas de lo que la televisión me hacía creer. Dejé de pensar que mis padres habían fracasado y entendí que su decisión fue la más acertada, la más valiente, la necesaria para seguir siendo una familia. Sin embargo, en mi cabeza quedó grabada, como cuando se te queda grabado ese tonito adictivo de Air on the G string, que el matrimonio era el final del amor, que todo lo anterior antes de dar el sí era mejor, más entretenido, sin tanto compromiso y, por ende, más feliz.

Analicé y escribí sobre servilletas de papel, (la mejor distracción en aburridas charlas y cenas suicidas), distintas hipótesis que avalaran mi teoría sobre las relaciones que se construye sobre las bases poco fiables del “y vivieron felices para siempre”, tenía que demostrar que Disney estaba equivocado.


No había perdido las esperanzas, ni mi actitud tenía el afán de ser derrotista.

Creo y quizás sigo creyendo que el amor, y no solo me refiero al de pareja, tiene más ramas de lo que creemos y existen mil formas de vivirlo. Algunas de estas formas son complicadas y otras muy relajadas. Son éstas últimas las que permiten probar diferentes aventuras, distintas recetas del amor perfecto, el continuo aprendizaje que solo los años y las experiencias te dan. Todo esto podría estar en lo correcto o no. Sé según algunos libros y uno que otro filósofo moderno, que el amor es algo que no se puede entender, no tiene una fórmula establecida y no se encuentra a la vuelta de la esquina, ni tampoco tiene que ser objeto de estudio o exagerase hasta hacerlo ridículo como lo hacen las películas del azucarado director Richard Curtis.

Puede ser que esté cayendo en el peor de los errores tratando de entender las emociones humanas, sus imperfecciones y sus aciertos. Estoy casi seguro de que las primeras líneas de este Post podrían poner sobre la mesa un par de teorías que dieran respuesta a la eterna pregunta que ha atormentado gran parte de mi vida: ¿La separación de mis padres me afectó tanto que ahora no creo que exista la pareja perfecta, ni el amor eterno o algo muy parecido?


Espero haber logrado con la poca experiencia que tengo crear un concepto diferente del amor, la amistad y las relaciones entre el hombre y la mujer, entre la mujer y la mujer, entre el hombre y el hombre. Por esa razón mis textos intentan demostrar que el ser humano no es tan complicado como parece o como quisiera parecer. Quiero decirles que ser un Homo Sapiens Sapiens no es un castigo, ni es nada sofisticado, porque, queridos lectores, la vida es simple, las cosas suceden, nada es para siempre y es importante aprender a vivir el presente.

Ideas como estás y otras locuras más fueron dando forma a lo que bauticé como MaloReputación y es que cuando no apuestas por la monogamia o por la búsqueda de EL DORADO lo único que te queda es una mala reputación, algo muy comparado al café de la mañana, un dulce amargo.

Quiero que se entienda que no estoy hablando de amor a lo Coehlo, ni que soy el último romántico, ruego mil veces no confundir. Estoy narrando la historia de cómo nace este blog. No me quiero perder entre letras, ni que se malentiendan algunas de mis frases, tampoco hacerles creer que soy un erudito, ni mucho menos un eximio sobre temas de los cuales solo puede hablar Jossie y su torpe línea esotérica. Mucho menos quiero endulzarlos con frases positivas a lo Chopra, ni cantarles al odio algún estribillo cliché de Silvio Rodríguez. Continuemos…

Terminé el colegio hace 11 años. Fue, sin lugar a dudas una época genial y divertida, pero algunas veces se hizo aterradora y desesperante como una melosa canción de Gianmarco puesta en una combi repleta de gente y viajando a 100 por hora en la avenida Benavides a las 7 de la noche. No quiero ahondar en el tema, pero bastará con que les diga que era un pequeñín muy gordo, tímido, cabezón y muy torpe.
Empecé la secundaria creyendo que todo cambiaría, estaba muy equivocado, las cosas empeoraron. La naturaleza se la había agarrado conmigo y me regaló la maldición del acné y el pelo trinchado.

¿Creen ustedes que alguna chica se me acercaba?

Estudiaba en un colegio miraflorino cuyos alumnos, compañeros míos, les encantaba formar pequeños grupos con gustos en común, dividiendo la promoción en populares y los denominados “Nerds”.
Basándose en los pocos inteligentes modelos gringos, estos chicos ponían nombres a sus grupos y se identificaban como una élite sobre una gran masa de adolescentes inseguros, pajeros y poco atractivos. Esta actitud los hacía ver ridículos, pero también divertidos. Esos primeros años, difíciles años, fueron pocas las mujeres que me dirigieron la palabra. Aunque los dos últimos años de la secundaria la naturaleza corrigió en algo su mala pluma y tuve una hermosa novia, la primera mujer que me dejó.


Durante la época escolar descubrí lo fascinante que son los libros. Me quedé durante mucho tiempo encantado con el Boom Latinoamericano el cual me llevó muchas veces a confundir mi futuro con alguna historia de García Márquez o de Carlos Fuentes. Leía durante horas, no era un erudito ni tampoco el primer puesto de mi promoción, todo lo contrario, era una especie de subversivo tonto y adolescente con problemas de atención.



Ya en la universidad descubrí que la mejor forma de comunicarme, siendo estudiante de comunicación, era escribiendo, no lo hacía mal, ni me proyectaba a ser Faulkner, pero al profesor le gustaba alguna que otra crónica escrita con premura y basada en alguna canción. Aproveche esos 15 minutos de fama para escribir sobre todo tema posible. Di rienda suelta a mi creatividad y hasta escribí porno para uno de mis amigos. Escribía todo lo que podía e inventaba historias realmente interesantes, algunas otras cómicas y absurdas basadas en experiencias propias que me encantaba exagerar.

Creí que ser un “intelectualoide” y escribir de la manera que lo hacía podía darme como recompensa a mis años escolares de gordura y acné la popularidad que nunca gocé. Era un pensamiento bastante superficial y un terrible error. La época en la universidad no fue tan cruel como la del colegio, pero si escasa de aventuras como mi adolescencia. No conseguí ninguna novia, ni dentro ni fuera, pero fue ahí donde nació una gran amistad con aquel muchacho autor del blog de la concienciaenoffside y otras grandiosas e inolvidables, pero novias, besos o algo parecido, seré sincero, nada. A cambio de ese fracaso aparecieron los viernes de locura y borracheras que dieron inicio a esa encantadora vida bohemia. Claro, no podía ser diferente; éramos jóvenes iniciando la universidad con ideales intactos, posiciones muy marcadas. Éramos los más completos “alpinchistas”, nunca fuimos políticos y tratar de creer que la literatura y los aspirantes a escritores deben serlo es un gran error. Vivíamos el día a día sentados en el patio, lo que ocasionaba un déficit en nuestras notas y teníamos que salvar nuestros promedios con los cursos de redacción.

Las tardes se nos iban entre los porros y las risas como dice la entrañable canción de Sabina, escuchábamos en el auto algo de rock, algo de Paez. Andrés Calamaro marcó esa época para nosotros, ya lo veníamos escuchando desde el colegio, pero fue solo en las conversaciones entre ron, tabaco y marihuana que muchas de sus letras empezaron a tener más sentido. Hablamos también sobre nuestros sueños, la idea de convertirnos en grandes escritores antes de tiempo y no esperar hasta los cuarenta para que seamos aclamados. Vivíamos del exquisito hueveo, nos divertíamos con frases geniales que inventábamos en nuestras largas conversaciones, deseábamos a toda mujer que pasaba frente a nosotros y por más que intentábamos ninguna nos miraba con deseo. Algunas creyeron que éramos homosexuales, pero me preguntaba yo, ¿se puede ser homosexual con tan poco estilo?

Soñaba tener una vida desenfrenada como la de Baudeliere, escribir un libro como Cien años de Soledad, dar extensas explicaciones sobre Ficciones de Borges, enamorarme por lo menos 4 veces al año, abandonar a cada mujer y hacerla literatura tratando de convencerla y de convencerme de que fue junto a cada una de ellas la época en la que fui más feliz. Quería vivir deprisa, sin usar los frenos. Quería terminar todas las noches borracho en algún bar buscando la redención y que me echaran a patadas. Soñé mucho y fue la vida y el destino los que me enviaron por un camino diferente, igual de atractivo y menos “heroico” que el que esperaba.

El año que cumplí mis 22 años decidí, con mucho temor, empezar a utilizar la Red para que mis historias empezaran a ser leídas por desconocidos. Exponerlas a la crítica.

Antes de tomar esa decisión solo le leía estas historias a un grupo de amigos con quienes me reunía todos los domingos. Mis relatos desataban la risa sincera, eso sí, la nube de humo que rodeaba la habitación contribuía totalmente. Escribía por esa entonces en máquina de escribir, un ejercicio relajante, un poco cliché y nada seguro.

Luego de haber perdido varias hojas decidí pasar mis escritos al tan amigable Word y luego a un blog. Me costó mucho armar el blog, escoger los colores y tratar de combinarlos, hasta que finalmente lo logré y fue así como inicié la aventura más aterradora de mi vida, desnudarme en público.

Lo más gracioso fue la búsqueda del nombre, no tenía muchas opciones. Recuerdo que en esa época salía con alguien, estaba yo en el momento más agradable de una relación, en la tan conocida luna de miel, no existían las peleas y éramos realmente felices. Ser realmente feliz me hizo entrar en un estado de idiotez total, todo era hermoso, todas las canciones de la radio hablaban de nosotros y fue ese huracán de sentimientos que influyeron en el nombre de mi blog titulando de la manera más melosa a la aventura de mi vida: estaslestrassonmias.blogspot.com, terrible error.

Me había convertido en todo un romántico, quizás era eso lo que siempre oculté. Quise ser un Pimpinela mezclado con Julio Iglesias en versión escrita, un total “mal poeta”.

Algunos me leyeron, los más fieles y los sinceros me criticaron hasta dejarme en la lona. Poco después el desamor llegó y dejé de escribir, firmando con sangre que las relaciones no eran para mí. Me entregué por completo a la noche y a los privilegios que te otorga el jamás dormir, creando así una reputación de bohemio mal puesta, ganando con muchas ganas una mala reputación.

El tiempo pasó y decidí volver a escribir intentando desahogar sentimientos, furia depresiones y tensión sexual. Al principio no tenía bien claro que era este blog y según la página web “10 tips para tener un blog exitoso” casi en todos sus puntos repite que un blog debe tener una línea editorial, pero no sabía cuál elegir, había tanto que escribir.

Un año después decidí cambiar el nombre tonto que le había puesto al blog y buscar uno más atractivo. Durante días estuve pensando el nuevo nombre, luego fueron semanas. Hasta que llegó la inspiración.


Recuerdo que por esa época, luego que la malvada de mi novia me dejara por no compartir sus sueños a futuro, ni aceptar sus caprichos de niña rica tonta, que empecé a salir con distintas chicas buscando en ellas un pedazo que se pareciera a mí. No puedo negar que era divertido. Conocía a distintas personas, con personalidades totalmente diferentes, muy guapas e inteligentes, mujeres por las que cualquiera daría la vida, menos yo.

Creo que la mujer peruana tiene un problema con el manejo del tiempo, también se desespera por ser la única, es adicta a la agarrada de mano, al te amo sin sentido, siempre buscando un final feliz que está muy lejos.
Cada vez que salía con alguien, a la semana o al mes pedía seriedad en la relación, compromiso, presentación oficial, apenas sucedía buscaba rápidamente la puerta de emergencia para escapar. La verdad era que aún no estaba listo para ninguna relación, había comprendido, y no por la separación de mis padres ni tampoco por el fracaso de mi primera relación, que el amor o enamorarse es algo que toma su tiempo. Uno se debe acostumbrar al otro, reconocerse en el otro, aguantar las manías, convivir con los defectos, con los ataques de histeria, los momentos de cólera, la frustración, la tristeza y todo lo que viene en el paquete, estás cosas no se pueden aprender en un mes. Por eso existen tantas personas que cuando les preguntas cuantos ex novios o ex novias han tenido, mínimo te responden 4, mientras yo solo he podido responder una. Esta forma de pensar trajo consigo inolvidables frases creadas en momentos de mucha cólera por aquellas mujeres de quien me separé. Entre ellas recuerdo: “le tienes miedo al compromiso”, “eres un traumado”, “hijo de puta”, “eres un pendejo”, una de mis favoritas: “poco hombre”, pero nunca nadie me preguntó el porqué tomaba yo una decisión así y tras ese egoísmo disfrazado de cólera aquellas chicas me crearon una mala reputación.

Siempre se me da por relacionar cualquier tema con mujeres, no por falta de respeto es solo que siempre están presentes. En toda reunión con mis amigos en nuestro bar favorito siempre hablábamos de mujeres. En casa con mis compañeros de piso por lo menos mencionamos a 4 mujeres por noche y aseguramos que los mejores libros se escribieron sobre mujeres. El mayor de los sufrimientos del hombre, no es el hambre, ni la guerra, ni el terrorismo, el hombre experimenta el mayor sufrimiento cuando una mujer lo deja. Son estas algunas razones por las cuales decidí ponerle al blog mala reputación, pero ya lo habían tomado, así que lo cambié a MALOREPUTACIÓN, fue así como nació el nombre y empecé a escribir en un nuevo momento. Estaba creciendo.

Han pasado varios años desde que nació el MALOREPUTACIÓN y ha tenido dos temporadas. La primera, la más cruda, la más sinvergüenza y graciosa, contando experiencias cotidianas vividas con la mujer de la quien me estaba enamorando, pero aún no me daba cuenta, F.

La segunda temporada fue más light, más romántica. F me había dicho que sí y yo era un hombre feliz.

Lo de F se acabó, pero no las ganas de escribir y los recuerdos que quedaron de esa relación fueron los mejores. Aún somos grandes amigos, aún F no lee mi blog y durante ese tiempo juntos F me hizo comprender que en realidad nunca tuve una mala reputación. Ella llegó a ser feliz a mi lado.

Maloreputación empezó a coquetear con otros temas, algunos políticos, otros sociales y regresaba nuevamente a las mujeres porque no podía dejarlas de lado.

Creo que el Maloreputación ha sido una experiencia genial, tengo muchos lectores fieles quienes me siguen hasta ahora, otros se han quejado de mi cambio, pero aún me siguen leyendo y otros nuevos se siguen sumando para observar de lejos el mundo extraño en el que he estado viviendo mis experiencias personales. La vida.

Para algunos sigo teniendo una mala reputación y puede ser que tengan razón, pero como dijo Milton, es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo…


1 comentarios:

Tarcila. o Claudia, depende dijo...

Para mí siempre tendrás una mala reputación.
Me encantó.