UNO
Antes del final del holocausto empezaba ya en mi cabeza la guerra fría y los últimos proyectiles se estrellaban en el asiento trasero de un Honda Civic del 97.
Compartimos 5 días de lluvia y poco arco iris. Deshojábamos margaritas al borde de la escalera, en caso cayéramos, alguien diría al vernos “casi vivos”, que nos queríamos.
Antes del sí nos mojábamos en tal vez o en quizás, ella que sumaba para no llorar y yo que lloraba para que me creyera.
Un mes antes sonaba en nuestras cabezas, al ritmo de ese bombín oscuro, esa canción de Fiona con la cuál nos conocimos y nos mentimos. Años después nos seguimos mintiendo.
Se acabó todo como debió ser, frente al televisor, justo un par de días después del año nuevo, año que trajo consigo la verdad inevitable y empujó de la cama las encantadoras farsas que nos prometíamos.
Y te recuerdo, día a día, con un “god put smile upon your face” y un “everlong” en el reproductor. Siempre tan lejos y tan cerca, siempre tan a punto y yo tan callado, siempre tú con ese nombre de tango.
Desamores después toqué tu puerta otra vez, pero en cada ocasión las lágrimas y la desgracia nos perseguían. Primero, una visa que no quería fueras a ver al amor de tu vida y la segunda, enterramos en el jardín trasero un gato y nuestra corta historia de amor.
DOS
No pudo ser mejor imposible, ni la pesadilla sin fin. Pasó rápido, durante la edad lenta y se quedó de recuerdo en un cuaderno de derrotas en forma de poema.
Ella era la primera de mis pajas. Sus ojos falsos y sus sobresalientes pechos decoraban el salón de clase y cual flautista de Hamelín con cada paso se llevaba tras de ella todas las miradas al barranco.
Se quiso jugar la vida llevándome bajo la sombra. Ya en casa, junto a ella y una de Bob, terminé con la eterna agonía de dejar de ser el último de la fila y convertirme como dicen los machistas, en todo un hombre. Le pedí prestado un sí con dudas y maltratos, con desmayos tempraneros y amenazas de embarazo.
Me dejó como a muchos se los deja, con un adiós, un buena suerte y por otro que en el ruedo hizo una mejor actuación, quien no era ni mayor que mi hermana, que se alojaba en el pabellón del frente contra el cual nunca pude disparar.
Muchos años sin recordarla me enteré que se había casado, que había encontrado lo que siempre buscó, una ilusión que dejará de ser un cuento de hadas para convertirse en toda una realidad que ahora comparte con todos a través de fotos sin flash y sin mí.
TRES
Fue difícil creerme que la quería y ella, sin querer quererlo, lo creyó.
Empezamos luego de alguna decepción, al menos yo. Ella dejó de lado a un aspirante a marino que se ahogaba en el mar de la soledad, buscando todos los días frente a la puerta de mi casa a un culpable que no tenía nada de que disculparse.
Linda, delgada, de mirada traviesa y con un perfil que siempre le encantó mostrar. Era asediada por muchos y no mucho por mí. Nos separamos porque esta vez decidí ser yo el quien decía adiós.
La coincidencia quiso jugar con nosotros a sus juegos de amor. Nos encontrábamos cada dos años luego de cada separación para jurarnos de que esta vez si sería para siempre.
Luego de 8 años nos volvimos a ver de forma virtual. Ella sigue buscando el amor perdido o nunca encontrado, ella sigue siendo la eterna novia en busca de un final feliz, mientras yo sigo escribiendo historias sin final.
CU4TRO
Por un ojo y un botón casi acabo en banca rota. No solo fueron cuestiones del corazón por las que me abandonaron esta vez, también lo fueron una cartera que sufría de una terrible anemia y un futuro pocas veces seguro.
Bella y pequeña, ojos jalados por los extremos laceados. Un cuerpo sumamente tentador, una voz con un leve pitillo de niña engreída, muchos prejuicios sobre la espalda y sueños de princesa cobarde que durante un tiempo intenté hacer realidad.
Se fue por la puerta principal y el luto duró dos semanas durante las cuales había conocido por sexta vez al amor de su vida. Con la frivolidad que la caracteriza me lo dijo a través de las “fotitos” que se cuelgan en el perfil del chat y uno que otro nickname lleno de azúcar y bombones.
No sé cómo la olvidé, ni tampoco sé cómo nunca pude crearle una hermosa metáfora que describiera su exquisita maldad, su forma de controlar las cosas a través de caricias en lugares exactos y de susurros al oído que pintaban en la atmósfera las más bellas mentiras que durante un tiempo me hicieron feliz.
CINCO
Empezó como el juego seductor de probar lo prohibido. Lo prohibido se hizo adictivo y esa adicción se convirtió en algo muy parecido al amor, solo que del amor nosotros no sabíamos nada y sobre la nada decidimos escribir una historia, una nueva aventura.
Nos confundimos entre verano y otoño, vivimos un invierno muy frío y Dylan nos llevó de la mano hasta que nos hastió. Nunca me cansé de ella, tampoco lo hice de su pelo enredado, de su forma de hablar, de su lunar en el labio superior, ni de su extraña forma de correr y de huir cuando ya no nos queríamos más.
Algunas veces terminábamos tirados sobre el césped de algún parque, mirando el cielo y prometiéndonos ser felices hasta que llegara el fin del mundo. Aprendimos en todo ese tiempo a tomarnos de la mano, a abrazarnos y compartir con la frialdad que nos caracterizaba algunas palabras de amor, pero el fin llegó un poco antes a nuestro mundo.
Duramos lo que duraron nuestras ganas, entregamos hasta lo que no tuvimos y decidimos, a pesar de casi no quererlo, acabar con el buen tiempo y convertirlo en un buen recuerdo. No fue fácil, pero las lunas nos sirvieron para reflexionar y seguir mirando el cielo, esta vez no tan cerca, pero tampoco muy lejos.

1 comentarios:
Saludos te escribe adriana gutierrez fotografa me da pena pero apenas despues de casi un año vine a saber que habias dejado un comment en mi blog ynunca me llego la notificacion mi mail es adrianita.gutierrez@gmail.com si sigues interesado en conversar de arte o cualquier otro proyecto. Ahora. Me. Despido curioseando en tus escritos
Publicar un comentario en la entrada