lunes 18 de abril de 2011

Plegaria por un Perú más tolerante por Yolanda Platon

No solo son las letras los que nos une, también una gran amistad y muchas ganas de cambiar las cosas.


Hoy tenemos en el malorputación una colaboración de mí gran amiga Yolanda Platón, un texto que nos hará reflexionar sobre la situación actual de nuestro país.

Gracias Yolanda!

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En la escuela de mis hij@s aquí en Lima, un ejercicio sencillo en primaria demostró el nivel de intolerancia, racismo y miedo hacia niñ@s de tez más oscura, cultura diferente, y viviendo en condiciones de pobreza. Estos estudiantes calificaron al pobre de “egoísta,” “peligroso”, o “malo”. En la misma semana, en un aula de estudiantes más pequeños, un niño fue criticado por la mayoría por la preferencia electoral de sus padres. Estos incidentes son tremendamente preocupantes, peor aún es la falta de sorpresa o preocupación de la inmensa mayoría de los padres de familia. ¿Qué nos pasa?, ¿Cómo se construye una nación sin respeto, tolerancia y empatía? Esta plegaria es para que encontremos la valentía de aceptar nuestros miedos y prejuicios y la humildad de cambiar nuestras actitudes para asegurar un futuro de paz y democracia.



Los niñ@s no son, por naturaleza, racistas, ni clasistas, más bien somos los adultos que modelamos estos comportamientos en nuestras acciones, vocabulario, y miedos. Por eso, pido que la escuela y la casa trabajen juntas porque no basta celebrar la diversidad o multiculturalidad en abstracto, ni funcionará el mejor currículo de convivencia y valores si los niñ@s no lo viven. Tanto en la escuela como en la casa tenemos que ser constantes en el desarrollo de tolerancia e inclusión a través de acciones pequeñas y grandes.



Las escuelas, en su mayoría, tienen mucho éxito con las acciones grandes, por ejemplo, recogen dinero para desastres naturales locales e internacionales, los estudiantes hacen servicio comunitario en zonas urbanas y rurales, y/o, actividades de protección del medioambiente, entre otras. Pero, tanto en la escuela como en el hogar fallamos en las acciones pequeñas que son más importantes y de mayor sostenibilidad. Lo más importante es generar respeto mutuo y es lo que menos se cuida. Esa falta de respeto, por miedo, costumbre, ignorancia o “tradición” se manifiesta todo el tiempo en nuestro medio a través de relaciones interpersonales, a través de nuestras miradas y gestos, y en nuestro vocabulario. Se manifiesta en el trato a las personas que cuidan a nuestros hij@s, cocinan y limpian la casa. Se manifiesta en el maltrato al guardia de seguridad de la escuela, al mozo, la cajera o la vendedora del mercado. Pido una sonrisa o una mirada cálida que no cuesta nada pero abona mucho a la inclusión y aceptación del otro. Pido porque seamos capaces de hablar con nuestros hij@s con claridad para ayudar a identificar la exclusión y evitarla. Pido porque seamos cautelosos en nuestro lenguaje para que ell@s no copien tanto insulto ni usen descriptores negativos. Pido porque tomemos el tiempo de sentarnos con nuestros hij@s para jugar un vídeo juego, ver televisión, ir al cine, o usar la computadora para luego discutir quién está excluido y porqué.



Lo último que pido, en esta coyuntura electoral tan polarizada, es que nos acordemos que nuestros niñ@s, sobre todo los más pequeñ@s, no tienen el contexto ni la madurez para entender nuestros miedos y es muy triste generar esa tensión en sus vidas. La gran mayoría de nuestros educadores saben que las preferencias políticas no pertenecen al aula, quizás hay que recordárselo a las familias. La convivencia pacífica depende de respeto mutuo, concertación y trabajo en equipo, vamos a enseñarles a nuestros niñ@s que somos capaces de
convivir en una verdadera democracia.